Entre
como siempre, muy contenta a un día más de clases. Todo era perfecto, hasta que
llego la hora de hacer deportes con el maestro de Educación Física. Entre
ejercicios de calentamiento, nos dio instrucciones para continuar la clase con
una serie de rutinas para desarrollar nuestras habilidades. Llego mi turno,
tenía que probar desde que altura podía dar una marometa. El nivel; era medio,
el panorama; era limpio, y por fin me decidí a hacerlo. Pero, ¡oh sorpresa! El
maestro se atravesó al mismo tiempo que yo di la marometa, lo cual provocó que
cayera mal y uno de mis huesos tronara muy feo. El maestro no le dio la mayor
importancia y todo paso desapercibido. Terminó la hora y todos regresamos al
salón de clases. Mientras tanto la maestra nos dictaba la tarea y el dolor era
cada vez más insoportable. Llego la hora de la salida, y al ver a mi mamá le
informe lo que ocurrió. Enseguida me llevo a urgencias, pero el trauma fue
peor; los médicos informaron que la lesión era algo grave, por lo cual tenía
que permanecer internada unos cuantos días.
En realidad yo no quería
quedarme ahí, me puse a llorar y abrace a mi mamá.
Las horas parecían ser
eternas; el día, era demasiado lento; el ambiente, era muy pesado; y yo, solo
veía llegar a mucha gente herida, lo cual me hacía pensar que lo mío no era tan
grave, como para permanecer más tiempo ahí. Antes de dar la media noche, se
acercó un doctor del turno de la tarde a preguntar el diagnóstico que me habían
dado, ante lo cual procedió a realizarme una serie de radiografías para checar
que no hubiera daños mayores; y fue así, todo indicaba que era solo un esguince.
Posteriormente el doctor muy
amable; indicó que podía irme a casa usando el collarín que minutos después me
entregó, y siguiendo una serie de instrucciones; entre las cuales estaba
guardar reposo por unas semanas.
Al día siguiente, mi mamá acudió a la escuela para informar sobre lo que me había ocurrido y el maestro recibió una sanción. Aunque eso no remediaba el trauma que me toco presenciar, ni aliviaba el dolor que sentía, al no poder realizar mis actividades diarias.
Al día siguiente, mi mamá acudió a la escuela para informar sobre lo que me había ocurrido y el maestro recibió una sanción. Aunque eso no remediaba el trauma que me toco presenciar, ni aliviaba el dolor que sentía, al no poder realizar mis actividades diarias.