Descripción

Este blog forma parte del proyecto narrativo "Los seis momentos clave de mi vida" bajo la dirección del maestro Sandro Cohen dentro de la materia Redacción Universitaria del departamento de Humanidades, División de Ciencias y Humanidades de la Universidad Autonoma Metropolitana - Azcapotzalco.

domingo, 30 de junio de 2013

Una lección de vida

Emily Gisselle nació el 27 de marzo de 2007. Desde aquel día, llegó a cambiar gran parte de mi vida. Mientras pasaba el tiempo, mi amor por ella crecía más. Por las tardes cuando llegaba de la escuela, era ella quien me recibía con un beso y un abrazo. Emily era solo mi prima, pero yo la veía como una hija, puesto que casi todos los días se la pasaba conmigo; dormíamos, la bañaba, la peinaba, le daba de comer, jugábamos, etcétera.
Pasó el tiempo y comenzaron los preparativos para mi fiesta de 15 años. Giss se emocionaba cada vez que me veía ensayar con mis chambelanes, y decía que quería una fiesta igual a la mía. Todo iba bien, hasta que un mes después de la fiesta comenzó a tener una serie de reacciones algo extrañas. Recuerdo como un día entró a mi cuarto para ver la televisión y de la nada se cayó. Yo me espanté mucho, ya que no supe cómo fue. Solo sé que escuché un golpe muy fuerte, como si algo se hubiera roto, y cuando vi, ella estaba tirada en el suelo llorando. Mi abuelita nos había hecho un comentario al respecto, pero nunca pensamos que se tratara de algo muy serio. Al día siguiente la llevaron al médico y la internaron en el hospital para hacerle una serie de estudios, que días después determinarían su diagnóstico.
El 11 de febrero de 2010 fue un día muy triste para nosotros, ya que fue cuando nos dijeron que lo que la niña tenía era un tumor en la cabeza. Esa noticia fue devastadora. Los doctores solo daban un 10 porciento de probabilidades para que sobreviviera a las operaciones que estaban próximas a realizarle y dependiendo de los resultados, a las quimioterapias. En realidad nos esperábamos lo peor, puesto que nada era favorable. Mientras estaba internada, Emily comenzó a perder su cabello, a bajar de peso y su color de piel era muy pálido. Por varios meses dejó de caminar, incluso perdió el habla. Todo era tristeza en la familia, pero al paso de los días Giss empezó a demostrarnos las ganas que tenía de seguir viviendo. Era sorprendente ver cómo poco a poco iba venciendo su enfermedad. Añoraba tanto su fiesta, que básicamente era uno de sus principales motores para seguir adelante. Hoy en día la enfermedad sigue presente, pero gracias a un tratamiento que  lleva, Emily puede hacer una vida normal.

domingo, 23 de junio de 2013

No todo es lo que aparenta ser

Tenía 14 años cuando me tocó presentar el examen de COMIPEMS, el cual definiría en qué escuela de nivel medio superior estudiaría. Pasó un mes para que salieran los resultados. Lo recuerdo muy bien, 31 de julio de 2009. La espera había sido muy larga, realmente deseaba quedarme en alguno de los planteles de la UNAM, pero desafortunadamente no fue así. Los resultados indicaban claramente que el lugar que tenía asignado era el Colegio de Bachilleres, Plantel 2. No lo podía creer. Estaba muy decepcionada de mis resultados, de mi pésimo desempeño y por supuesto no quería estudiar ahí. Me sentía como una ingenua enamorada con el corazón roto.
Al escuchar esto, mi mamá hizo todo lo posible por levantarme los ánimos. Mi familia insistió en que entrara a la escuela y sino me gustaba, para el próximo año podía presentar de nuevo el examen.
Así fue. Acepté probar un semestre. Confieso que al principio no me agradaba la idea de estudiar ahí, ya que la escuela no tenía fama de ser muy buena y al conocerla por primera vez, el aspecto que tenía no era nada agradable que digamos;  pero conforme pasaban los días, las semanas, y los meses, el gusto comenzaba a surgir, ya que tenía muy buenos profesores, y aunque de mis compañeros no opinaba lo mismo, sabía que de mí dependía lograr un buen desempeño dentro del plantel.
En realidad nunca imaginé que conforme pasaban los semestres, me agradaba estudiar ahí. Incluso ya no insistí en volver a presentar el examen, y más porque encontré a personas muy especiales como Brenda, Fernanda, Ingrid, Vanessa, Vania y Vasti, las cuales con el paso del tiempo se convirtieron en mis mejores amigas.
Aunque solo me tocó estar con ellas un semestre, eso bastó para forjar una muy buena amistad. Con ellas compartí muchas cosas, viví momentos increíbles. En general fueron grandes experiencias que jamás olvidaré. Haber estudiado en esa escuela me dejó muy buenos recuerdos y otros no tanto, pero al final aprendí de cada una de las experiencias vividas.
Ahora compruebo que es cierto que La escuela no hace al alumno, sino que el alumno hace la escuela, y que así sea el peor lugar para estudiar, si uno tiene ganas de aprender, lo hará sin que importe nada más.

domingo, 16 de junio de 2013

¿En que momento dejó de ser amistad?

Tenía 12 años cuando conocí a Salvador. Cursábamos el primer año de secundaria y nos había tocado en el mismo grupo. Salvador iba en la misma primaria que yo, aunque en otro grupo, y con la diferencia de que ahí no le hablaba.
Comenzamos a relacionarnos, y con el tiempo surgió una muy bonita amistad. Hasta el grado de decir que se había convertido en mi mejor amigo. Muchas veces me hacia sentir su apoyo y su protección al mismo tiempo. Así transcurrió todo ese ciclo escolar y la relación se fortalecía cada día más.
Por desgracia, al llegar al segundo año, las cosas comenzaron a cambiar. Amellalli, mi mejor amiga, me comentó que en Chava había surgido un gusto por mí, y que el supuesto cariño de amigos, se había convertido en amor; al menos para él, así fue.
La verdad, me desconcertó mucho enterarme de la situación. No sabía como mirar ni mucho menos cómo tratar a Chava. No dejaba de preguntarme: ¿En que momento comenzaron a cambiar las cosas?. Ame, me dijo que no dijera nada de lo que me había contado, pues Salvador se lo había platicado por la confianza que le tenía, pero que ella no se podía quedar callada puesto que yo era su mejor amiga y entre nosotras no existían secretos. Yo le dije que no se preocupara, que no iba a decir nada, pero que también ella tenía que ayudarme a actuar como si nada. Y así fue por varios días, mejor dicho, por unos cuantos meses hasta que él se armó de valor para declararme su amor de frente.
Para empezar yo estaba muy nerviosa, y no porque él me haya hecho saber lo que sentía por mí, sino que no podía corresponderle de la misma manera, y no sabía como decírselo. No sabía cuál seria su reacción y eso me preocupaba un poco, pues lo que menos quería era lastimarlo. Al parecer eso fue lo que hice, herí sus sentimientos y lo peor de todo fue que perdí su amistad. En resumen, nos dejamos de hablar por un año y medio, aproximadamente. Fue hasta finales de tercero que decidimos hablar y tratamos de recuperar la amistad. Puedo decir que hasta la fecha, Salvador sigue sintiendo un cariño por mí, y no es precisamente de amigos, pues él me lo ha confesado. Aunque ahora dice que prefiere conservarme como su amiga a perderme de nuevo. Yo solo puedo decir que es un niño increíble y que lo quiero mucho.

domingo, 9 de junio de 2013

Más que mi mejor amiga... una hermana para mí

Haber cursado la secundaria me dejó huellas, algunas buenas, otras no tanto, pero al final aprendí de ellas. Conocer a Amellalli, por ejemplo. Jamás imaginé que ella se convertiría en mi mejor amiga, o más que eso, una hermana para mí.
Desde que la conocí, en los primeros días de haber entrado al primer año de secundaria, me simpatizó mucho. La relación se fue dando poco a poco. Comenzamos integrando un equipo de trabajo, y terminamos siendo muy buenas amigas.
La verdad es que durante los dos años que estuve con ella, en el mismo grupo, en la misma escuela, incluso en el mismo taller, me di cuenta de que es una persona extraordinaria en todo el sentido de la palabra. Con ella podía ser realmente yo, sin ser juzgada.
El hecho de poder llamarla Amiga, comenzaba a tener sentido. Me agradaba compartir buenos y malos momentos con ella; platicar de nuestras vidas, conocernos más a fondo, compartir secretos, reír, llorar, hacer travesuras, hablar de nuestros primeros amoríos, etcétera; resultaba ser muy divertido.
Desafortunadamente, al finalizar el segundo año, los papás de Amellalli tomaron la decisión de irse del Distrito Federal, al estado de Guanajuato. En primer lugar porque allá tenían algunos terrenos y su papá necesitaba estar al pendiente de ellos, y en segundo, por problemas de salud.
Al enterarme de que ella se iría de aquí, me llené de tristeza. Mi mejor amiga se iba. ¿Con quién iba a seguir haciendo locuras? ¿Dónde encontraría otra mejor amiga? Y aunque sé que tenía más amigos dentro del grupo, las relaciones no eran como con ella. Comenzaba a sentirme incompleta, y no me quedaba más que aprovechar los últimos días con Ame. A ninguna de las dos nos agradaba la idea de separarnos, pero realmente no se podía hacer nada, más que seguir con la amistad a pesar de la distancia.
Ya han pasado un poco más de cinco años desde que se fue de la ciudad, y hasta la fecha seguimos en contacto. A pesar de  la distancia que existe entre nosotras, de que no hablamos diario y de que no viene frecuentemente al Distrito Federal, me hace sentir que nada ha cambiado. Me emociona cada vez que viene, pues eso prueba que la relación sigue siendo la misma, incluso un poco mejor, y eso causa una gran alegría en mí. Puedo presumir de tener a la mejor amiga del mundo, y así parezca exagerado, para mí realmente lo es. 

domingo, 2 de junio de 2013

¿Amor u Obsesión?

Tenía apenas siete años. Cursaba el primer año de Primaria. Mis pensamientos solo se enfocaban en cumplir con mis tareas y echarle ganas a la escuela. Mi mamá decía que esa era mi única responsabilidad.
De pronto un día, un niño de mi grupo llamado Alfredo, me dijo que le gustaba y me preguntó que si quería ser su novia. Yo no supe que responderle, la verdad es que me dio mucha pena y me puse colorada, pero no entendía el ¿Por qué? Si a esa edad apenas era una niña y no sabia lo que eran esas cosas del amor, así que me fui sin decirle nada.
Lo más curioso es que Alfredo, pasó todo ese primer año pidiéndome una oportunidad y hubo momentos en los que me sentía acosada por él. Creí que el gusto se le pasaría al sentirse ignorado por mi, pero no fue así.
Cabe destacar que Alfredo era un niño muy inteligente. Siempre sacaba notas muy buenas y al finalizar el ciclo escolar recibía reconocimiento de primer lugar. Y no es que yo no lo fuera, pero por una mínima diferencia de puntos, yo quedaba en segundo lugar.
Para mis compañeros e incluso los maestros eso parecía ser una competencia entre los dos.
Recuerdo muy bien que al finalizar el tercer año, logre obtener el primer lugar en aprovechamiento académico. La mamá de Alfredo me miro un tanto extraña y sorprendida. En parte la entendía, ya que yo también lo estaba y no me esperaba dichos resultados, mucho menos mi mamá. Sin embargo, Alfredo mostraba una actitud desapercibida.
Llegamos a cuarto grado, teniendo en cuenta que cada año insistía en que lo aceptara. Él decía estar enamorado de mí, pero nunca entablamos una conversación como tal. Fue así que me decidí a decirle de frente que yo no quería ser su novia y que solo podía ofrecerle una amistad.
A veces me desesperaba que Alfredo no entendiera la palabra “NO”, pues llegamos a sexto año y él seguía molestando con lo mismo. Lo que más me chocaba era que sus amigos y los míos me hicieran una especie de burla y trataran intervenir para que yo lo aceptara y dijeran que solo le rompía el corazón. En realidad hacían sentirme mal.
Lo más chistoso es que mi mamá solo se burlaba de mí y decía que era cosa de niños, algo pasajero y que mejor  evitara enojarme. Afortunadamente terminamos la primaria. Lo malo es que lo volví a encontrar en la secundaria. ¡Rayos!

domingo, 26 de mayo de 2013

¡Vaya!, ¡pequeño susto!

Tenía apenas 10 años. Era un jueves por la mañana. El día parecía ser muy bello.
Entre como siempre, muy contenta a un día más de clases. Todo era perfecto, hasta que llego la hora de hacer deportes con el maestro de Educación Física. Entre ejercicios de calentamiento, nos dio instrucciones para continuar la clase con una serie de rutinas para desarrollar nuestras habilidades. Llego mi turno, tenía que probar desde que altura podía dar una marometa. El nivel; era medio, el panorama; era limpio, y por fin me decidí a hacerlo. Pero, ¡oh sorpresa! El maestro se atravesó al mismo tiempo que yo di la marometa, lo cual provocó que cayera mal y uno de mis huesos tronara muy feo. El maestro no le dio la mayor importancia y todo paso desapercibido. Terminó la hora y todos regresamos al salón de clases. Mientras tanto la maestra nos dictaba la tarea y el dolor era cada vez más insoportable. Llego la hora de la salida, y al ver a mi mamá le informe lo que ocurrió. Enseguida me llevo a urgencias, pero el trauma fue peor; los médicos informaron que la lesión era algo grave, por lo cual tenía que permanecer internada unos cuantos días.
En realidad yo no quería quedarme ahí, me puse a llorar y abrace a mi mamá.
Las horas parecían ser eternas; el día, era demasiado lento; el ambiente, era muy pesado; y yo, solo veía llegar a mucha gente herida, lo cual me hacía pensar que lo mío no era tan grave, como para permanecer más tiempo ahí. Antes de dar la media noche, se acercó un doctor del turno de la tarde a preguntar el diagnóstico que me habían dado, ante lo cual procedió a realizarme una serie de radiografías para checar que no hubiera daños mayores; y fue así, todo indicaba que era solo un esguince.
Posteriormente el doctor muy amable; indicó que podía irme a casa usando el collarín que minutos después me entregó, y siguiendo una serie de instrucciones; entre las cuales estaba guardar reposo por unas semanas.
Al día siguiente, mi mamá acudió a la escuela para informar sobre lo que me había ocurrido y el maestro recibió una sanción. Aunque eso no remediaba el trauma que me toco presenciar, ni aliviaba el dolor que sentía, al no poder realizar mis actividades diarias.