Haber cursado la secundaria me dejó
huellas, algunas buenas, otras no tanto, pero al final aprendí de ellas. Conocer
a Amellalli, por ejemplo. Jamás imaginé que ella se convertiría en mi mejor amiga, o más que eso, una
hermana para mí.
Desde que la conocí, en los primeros días
de haber entrado al primer año de secundaria, me simpatizó mucho. La relación se
fue dando poco a poco. Comenzamos integrando un equipo de trabajo, y terminamos
siendo muy buenas amigas.
La verdad es que durante los dos años que
estuve con ella, en el mismo grupo, en la misma escuela, incluso en el mismo
taller, me di cuenta de que es una persona extraordinaria en todo el sentido de
la palabra. Con ella podía ser realmente yo, sin ser juzgada.
El hecho de poder llamarla Amiga, comenzaba a tener sentido. Me agradaba
compartir buenos y malos momentos con ella; platicar de nuestras vidas,
conocernos más a fondo, compartir secretos, reír, llorar, hacer travesuras,
hablar de nuestros primeros amoríos, etcétera; resultaba ser muy divertido.
Desafortunadamente, al finalizar el
segundo año, los papás de Amellalli tomaron la decisión de irse del Distrito
Federal, al estado de Guanajuato. En primer lugar porque allá tenían algunos
terrenos y su papá necesitaba estar al pendiente de ellos, y en segundo, por
problemas de salud.
Al enterarme de que ella se iría de aquí,
me llené de tristeza. Mi mejor amiga se iba. ¿Con quién iba a seguir haciendo locuras? ¿Dónde encontraría otra mejor
amiga? Y aunque sé que tenía más amigos dentro del grupo, las relaciones no
eran como con ella. Comenzaba a sentirme incompleta, y no me quedaba más que
aprovechar los últimos días con Ame. A ninguna de las dos nos agradaba la
idea de separarnos, pero realmente no se podía hacer nada, más que seguir con
la amistad a pesar de la distancia.
Ya han pasado un poco más de cinco años desde
que se fue de la ciudad, y hasta la fecha seguimos en contacto. A pesar de la distancia que existe entre nosotras, de que
no hablamos diario y de que no viene frecuentemente al Distrito Federal, me hace sentir
que nada ha cambiado. Me emociona cada vez que viene, pues eso prueba que la relación sigue siendo la misma, incluso un poco mejor, y eso causa una gran alegría en mí. Puedo presumir de
tener a la mejor amiga del mundo, y así parezca exagerado, para mí realmente lo
es.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario