Emily Gisselle nació el 27 de marzo de
2007. Desde aquel día, llegó a cambiar gran parte de mi vida. Mientras pasaba
el tiempo, mi amor por ella crecía más. Por las tardes cuando llegaba
de la escuela, era ella quien me recibía con un beso y un abrazo. Emily era
solo mi prima, pero yo la veía como una hija, puesto que casi todos los días se
la pasaba conmigo; dormíamos, la bañaba, la peinaba, le daba de comer, jugábamos,
etcétera.
Pasó el tiempo y comenzaron los
preparativos para mi fiesta de 15 años. Giss se emocionaba cada vez que me veía
ensayar con mis chambelanes, y decía que quería una fiesta igual a la mía. Todo
iba bien, hasta que un mes después de la fiesta comenzó a tener una serie de
reacciones algo extrañas. Recuerdo como un día entró a mi cuarto para ver la
televisión y de la nada se cayó. Yo me espanté mucho, ya que no supe cómo fue. Solo sé que escuché un golpe muy fuerte, como si algo se hubiera roto, y cuando
vi, ella estaba tirada en el suelo llorando. Mi abuelita nos había hecho un
comentario al respecto, pero nunca pensamos que se tratara de algo muy serio. Al día siguiente la llevaron al médico y la internaron en el hospital para hacerle una serie de estudios, que días después determinarían
su diagnóstico.
El 11 de febrero de 2010 fue un día muy
triste para nosotros, ya que fue cuando nos dijeron que lo que la niña
tenía era un tumor en la cabeza. Esa noticia fue devastadora. Los doctores solo
daban un 10 porciento de probabilidades para que sobreviviera a las operaciones
que estaban próximas a realizarle y dependiendo de los resultados, a las
quimioterapias. En realidad nos esperábamos lo peor, puesto que nada era
favorable. Mientras estaba internada, Emily comenzó a perder su cabello, a
bajar de peso y su color de piel era muy pálido. Por varios meses dejó de
caminar, incluso perdió el habla. Todo era tristeza en la familia, pero
al paso de los días Giss empezó a demostrarnos las ganas que tenía de seguir
viviendo. Era sorprendente ver cómo poco a poco iba venciendo su enfermedad.
Añoraba tanto su fiesta, que básicamente era uno de sus principales motores para seguir adelante. Hoy
en día la enfermedad sigue presente, pero gracias a un tratamiento que lleva, Emily puede hacer una vida normal.
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